martes, abril 25, 2017

La rueda celeste, de Ursula K. Le Guin


No había nada capaz de impedir soñar a un ser humano, le había dicho. Sólo la muerte.

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-Estamos en el mundo, no en su contra. No funciona intentar situarse al margen de las cosas y empujarlas en una u otra dirección. No funciona, va en contra de la vida. Existe un modo, pero hay que seguirlo. El mundo es, no importa cómo pensemos que debería ser. Tienes que estar con él, tienes que dejarlo en paz.

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Orr caminó sin un objetivo, tomando una calle y luego otra. Estaba exhausto, así que a veces sintió la tentación de tumbarse en el pavimento a descansar un poco, pese a lo cual seguía adelante. Se acercaba ya a la zona comercial, más próxima al río. La ciudad, medio destruida y medio transformada, era un revoltijo de planes ostentosos y recuerdos incompletos, atestada como un manicomio; había incendios y demencias de casa en casa. No obstante, la gente seguía como siempre metida en sus cosas: había dos hombres saqueando una joyería, y cruzando por su lado vio a una mujer con un bebé en brazos, colorado de tanto llorar, que caminaba a paso vivo hacia su casa.
Dondequiera que estuviese.

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Hay un pájaro en un poema de T. S. Eliot que dice que la humanidad no puede soportar mucha realidad; pero el pájaro se equivoca. Un hombre puede soportar el peso entero de un universo durante ochenta años. Es la irrealidad lo que no soporta.


[Minotauro. Traducción de Miguel Antón]

Song to Song: 4 carteles





Cartel de Score: A Film Music Documentary


viernes, abril 21, 2017

Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin


En mis ojos había pánico. Me miré a los ojos y volví a mirarme las manos. Horrendas manchas de la edad, dos cicatrices. Manos nada indias, manos nerviosas, desamparadas. Vi hijos y hombres y jardines en mis manos.

[Del relato "Lavandería Ángel"]

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En cuanto me pongo a trabajar, antes de nada compruebo dónde están los relojes, los anillos, los bolsos de fiesta de lamé dorado. Luego, cuando vienen con las prisas, jadeando sofocadas, contesto tranquilamente: "Debajo de su almohada, detrás del inodoro verde sauce". Creo que lo único que robo, de hecho, son somníferos. Los guardo para un día de lluvia.

[Del relato "Manual para mujeres de la limpieza"]

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El autobús se retrasa. Los coches pasan de largo. La gente rica que va en coche nunca mira a la gente de la calle, para nada. Los pobres siempre lo hacen… De hecho, a veces parece que simplemente vayan en coche dando vueltas, mirando a la gente de la calle. Yo lo he hecho. La gente pobre está acostumbrada a esperar. La Seguridad Social, la cola del paro, lavanderías, cabinas telefónicas, salas de urgencias, cárceles, etcétera.

[Del relato "Manual para mujeres de la limpieza"]

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La mayoría de los escritores utilizan accesorios y decorados de su propia vida.

[Del relato "Punto de vista"]

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Y las lavanderías. Aunque para mí ya suponían un problema incluso cuando era joven. Una espera demasiado larga, incluso con las rápidas Speed Queens. La vida te pasa por delante de los ojos mientras estás ahí, hundiéndote sin remedio. Claro, si tuviera coche, podría ir a la enfermería o a la oficina de correos, y luego volver para meter la ropa en la secadora.

[Del relato "Carpe Diem"]

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Cuando le resultaba demasiado difícil contarle a alguien cómo se sentía, enseñaba un poema.

[Del relato "Bonetes azules"]

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Ella guardó silencio, pero pude ver que la muerte empezaba a ablandarla. La muerte cura, nos dice que perdonemos, nos recuerda que no queremos morir solos.

[Del relato "Luto"]

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¿Será que estoy enfadada porque Sally se está muriendo, y por eso me enfado con todo un país? Ahora se ha roto el váter. Han de levantar todo el suelo.
Echo de menos la luna. Echo de menos la soledad.
En México siempre hay alguien contigo. Si te vas a tu cuarto a leer, alguien se dará cuenta de que estás sola e irá a hacerte compañía. Sally nunca está sola. Por la noche me quedo con ella hasta cerciorarme de que se ha dormido.
No hay ninguna guía para la muerte. Nadie para decirte qué hacer, qué es lo que te espera.

[Del relato "Panteón de Dolores]

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El tiempo se detiene cuando alguien muere. Por supuesto se detiene para ellos, quizá, pero para los que sufren la pérdida el tiempo se desquicia. La muerte llega demasiado pronto. Olvida las mareas, los días que se alargan y se acortan, la luna. Hace trizas el calendario. No estás en tu escritorio o en el metro o preparando la cena para los niños. Estás leyendo People en la sala de espera de un quirófano, o temblando en un balcón mientras fumas toda la noche. Miras al vacío, sentada en el cuarto de tu infancia con el globo terráqueo sobre la mesa. Persia, el Congo Belga. El problema es que cuando vuelves a la vida normal, todas las rutinas, las marcas del día a día parecen mentiras sin sentido. Todo es sospechoso, una trampa para adormecernos, para volver a arroparnos en la plácida inexorabilidad del tiempo.

[Del relato "Espera un momento"]


[Alfaguara. Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino]

Próximamente: Tiene que llover. Mi lucha: 5


De Karl Ove Knausgard. En Anagrama.

Cartel de Displacement


jueves, abril 20, 2017

En Playtime / El Plural (con Israel Paredes): 5 recomendaciones literarias


Próximamente: Carter



De Ted Lewis. En Sajalín Editores.

It Comes at Night: 2º cartel


Saturno, de Eduardo Halfon


A pesar de que nos mirábamos casi a diario, no recuerdo la última vez que usted estuvo conmigo. Dirigirse la palabra, padre, no es hablar. Sentarse a comer juntos no es estar juntos. Manteníamos una relación civil porque nuestra diplomacia así lo requería, porque no teníamos el valor para admitir nuestra creciente desidia, nuestro fracaso. Nos ignorábamos. Su presencia sólo la percibía cuando me insultaba. Como un bicho, usted me insultaba. ¿Lo recuerda, padre? Siempre me fue incomprensible su completa frialdad hacia el sufrir y la vergüenza que podía causarme con sus palabras y condenas.

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Usted mandaba. Más que un padre, usted era un tirano. Para mí, usted poseía la enigmática cualidad de todo tirano cuyos derechos están basados en su persona y no en la razón. Usted no razonaba. De su boca sólo salían órdenes. Y como un subordinado, yo debía cumplirlas.

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Y me escapé. De todos. Pero en especial de usted. Abandoné todo (su autoridad, su dinero, sus ideas, hasta su religión) y viajé hacia la única cueva donde me sentía protegido, donde sabía poder estar completamente aislado de usted. Al lenguaje. Era imperativo escaparme a un mundo sobre el cual usted jamás pisaría. Al mundo de la madre: el lenguaje, las palabras, la literatura. Un mundo inaccesible para gigantes como usted.
Huyo escribiendo, padre.


[Jekyll & Jill]

Trailer de American Assassin



Sergio González Rodríguez (1950 - 2017)


Churchill: 2 carteles



lunes, abril 17, 2017

En Aleteia: Born to Be Blue


Trailer de Detroit


Thor: Ragnarök: primer cartel


Próximamente: Esclavirtud


De Paul Beatty. En Malpaso Ediciones.

Churchill: 2º cartel


Star Wars: The Last Jedi: primer trailer


The Mummy: tercer cartel


The Book of Henry: nuevo cartel


martes, abril 11, 2017

Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich


Este libro no trata sobre Chernóbil, sino sobre el mundo de Chernóbil. Sobre el suceso mismo se han escrito ya miles de páginas y se han sacado centenares de miles de metros de película. Yo, en cambio, me dedico a lo que he denominado la historia omitida, las huellas imperceptibles de nuestro paso por la tierra y por el tiempo. Escribo y recojo la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma. La vida de lo ordinario en unas gentes corrientes. Aquí, en cambio, todo es extraordinario: tanto las inhabituales circunstancias como la gente, tal como les han obligado las circunstancias, elevándolos a una nueva condición al colonizar este nuevo espacio. Chernóbil para ellos no era una metáfora ni un símbolo, era su casa. Cuántas veces el arte ha ensayado el Apocalipsis, ha probado las más diversas versiones tecnológicas del final del mundo, pero ahora sabemos positivamente que la vida es incomparablemente mucho más fantástica.
Un año después de la catástrofe, alguien me preguntó: "Todos escriben. Y usted que vive aquí, en cambio no lo hace. ¿Por qué?". Yo no sabía cómo escribir sobre esto, con qué herramientas, desde dónde enfocarlo. Si antes, cuando escribía mis libros, me fijaba en los sufrimientos de los demás, a partir de entonces mi vida y yo se convirtieron en parte del suceso. Se fundieron en una sola cosa y no había manera de mantener una distancia.
[Svetlana Alexiévich, autora]

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Pero he viajado a la zona de Chernóbil. Ya había estado muchas veces. Y allí he comprendido que me veo impotente. Que no comprendo. Y me estoy destruyendo con esta incapacidad de comprender. Porque no reconozco este mundo, un mundo en el que todo ha cambiado. Hasta el mal es distinto. El pasado ya no me protege. No me tranquiliza. Ya no hay respuestas en el pasado. Antes siempre las había, pero hoy no las hay. A mí me destruye el futuro, no el pasado.
[Piotr S., psicólogo]

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Nubes de polvo. Tractores en el campo. Mujeres con las horcas. El dosímetro que zumba.
No hay gente y el tiempo se mueve de otro modo. El día es largo, inacabable, como en la infancia.
Prohibido quemar hojas. Las enterraban.
No se puede sufrir así, tan sin sentido. [Llora] Sin palabras hermosas conocidas. Ni siquiera sin la medalla que le dieron. Allí está, en casa. Nos la dejó a nosotros.
Pero hay una única cosa que sé, y es que ya nunca más seré feliz.
[Nina Prójorovna Kovaliova, esposa de un liquidador]

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Decían que era Chernóbil; escribían que era por Chernóbil. Pero nadie sabía qué era aquello. Ahora aquí todo es diferente: nacemos de otro modo y morimos de otra manera. Diferente a todos los demás. Usted me preguntará, ¿cómo se muere después de Chernóbil? Un hombre al que amaba, al que quería de una manera que no habría podido ser mayor si lo hubiera parido yo misma, y este hombre se convertía ante mis ojos en… en un monstruo.
Le extirparon los ganglios, y como ya no los tenía, se trastocó toda la circulación; hasta la nariz se le movió, creció al triple de su tamaño; los ojos parecían otros, se le desplazaron a los lados, apareció en ellos un brillo desconocido y una expresión como si no fuera él, sino otro el que mirara desde allí. Luego un ojo se le cerró por completo.
[Valentina Timoféyevna Ananasévich, esposa de un liquidador]


[Debate. Traducción de Ricardo San Vicente]

jueves, abril 06, 2017

En Playtime / El Plural: autores del bizarro


Bienvenidos al bizarro: aquí
 

Próximamente: Regreso a Twin Peaks


De Varios Autores. En Errata Naturae.

Cartel de HHhH


I

Es el viento, la brisa por la sombra,
la luz, el rastro de agua, puro o yerto,
luna o sol, roca y árbol, el desierto;
océano de arena, apenas nombra

el lazo cómplice sin tiempo claro,
ante el agua y la duda es el vacío,
alumbrando el silencio la huella, río
sin tiempo, une sin hilos, en un raro

laberinto transformado en su Nada,
primitiva la forma antes del Todo,
la carne de su imagen engendrada

de la escoria, su tiempo que ha prendido
la lección íntima de su destello:
en su nombre celebrarán su olvido.

Joaquín Fabrellas, Clara Incertidumbre

Alien: Covenant: 2 nuevos carteles



lunes, abril 03, 2017