miércoles, abril 26, 2017

Jonathan Demme (1944 - 2017)


Isle of Dogs: primer cartel


martes, abril 25, 2017

La rueda celeste, de Ursula K. Le Guin


No había nada capaz de impedir soñar a un ser humano, le había dicho. Sólo la muerte.

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-Estamos en el mundo, no en su contra. No funciona intentar situarse al margen de las cosas y empujarlas en una u otra dirección. No funciona, va en contra de la vida. Existe un modo, pero hay que seguirlo. El mundo es, no importa cómo pensemos que debería ser. Tienes que estar con él, tienes que dejarlo en paz.

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Orr caminó sin un objetivo, tomando una calle y luego otra. Estaba exhausto, así que a veces sintió la tentación de tumbarse en el pavimento a descansar un poco, pese a lo cual seguía adelante. Se acercaba ya a la zona comercial, más próxima al río. La ciudad, medio destruida y medio transformada, era un revoltijo de planes ostentosos y recuerdos incompletos, atestada como un manicomio; había incendios y demencias de casa en casa. No obstante, la gente seguía como siempre metida en sus cosas: había dos hombres saqueando una joyería, y cruzando por su lado vio a una mujer con un bebé en brazos, colorado de tanto llorar, que caminaba a paso vivo hacia su casa.
Dondequiera que estuviese.

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Hay un pájaro en un poema de T. S. Eliot que dice que la humanidad no puede soportar mucha realidad; pero el pájaro se equivoca. Un hombre puede soportar el peso entero de un universo durante ochenta años. Es la irrealidad lo que no soporta.


[Minotauro. Traducción de Miguel Antón]

Song to Song: 4 carteles





Cartel de Score: A Film Music Documentary


viernes, abril 21, 2017

Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin


En mis ojos había pánico. Me miré a los ojos y volví a mirarme las manos. Horrendas manchas de la edad, dos cicatrices. Manos nada indias, manos nerviosas, desamparadas. Vi hijos y hombres y jardines en mis manos.

[Del relato "Lavandería Ángel"]

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En cuanto me pongo a trabajar, antes de nada compruebo dónde están los relojes, los anillos, los bolsos de fiesta de lamé dorado. Luego, cuando vienen con las prisas, jadeando sofocadas, contesto tranquilamente: "Debajo de su almohada, detrás del inodoro verde sauce". Creo que lo único que robo, de hecho, son somníferos. Los guardo para un día de lluvia.

[Del relato "Manual para mujeres de la limpieza"]

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El autobús se retrasa. Los coches pasan de largo. La gente rica que va en coche nunca mira a la gente de la calle, para nada. Los pobres siempre lo hacen… De hecho, a veces parece que simplemente vayan en coche dando vueltas, mirando a la gente de la calle. Yo lo he hecho. La gente pobre está acostumbrada a esperar. La Seguridad Social, la cola del paro, lavanderías, cabinas telefónicas, salas de urgencias, cárceles, etcétera.

[Del relato "Manual para mujeres de la limpieza"]

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La mayoría de los escritores utilizan accesorios y decorados de su propia vida.

[Del relato "Punto de vista"]

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Y las lavanderías. Aunque para mí ya suponían un problema incluso cuando era joven. Una espera demasiado larga, incluso con las rápidas Speed Queens. La vida te pasa por delante de los ojos mientras estás ahí, hundiéndote sin remedio. Claro, si tuviera coche, podría ir a la enfermería o a la oficina de correos, y luego volver para meter la ropa en la secadora.

[Del relato "Carpe Diem"]

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Cuando le resultaba demasiado difícil contarle a alguien cómo se sentía, enseñaba un poema.

[Del relato "Bonetes azules"]

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Ella guardó silencio, pero pude ver que la muerte empezaba a ablandarla. La muerte cura, nos dice que perdonemos, nos recuerda que no queremos morir solos.

[Del relato "Luto"]

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¿Será que estoy enfadada porque Sally se está muriendo, y por eso me enfado con todo un país? Ahora se ha roto el váter. Han de levantar todo el suelo.
Echo de menos la luna. Echo de menos la soledad.
En México siempre hay alguien contigo. Si te vas a tu cuarto a leer, alguien se dará cuenta de que estás sola e irá a hacerte compañía. Sally nunca está sola. Por la noche me quedo con ella hasta cerciorarme de que se ha dormido.
No hay ninguna guía para la muerte. Nadie para decirte qué hacer, qué es lo que te espera.

[Del relato "Panteón de Dolores]

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El tiempo se detiene cuando alguien muere. Por supuesto se detiene para ellos, quizá, pero para los que sufren la pérdida el tiempo se desquicia. La muerte llega demasiado pronto. Olvida las mareas, los días que se alargan y se acortan, la luna. Hace trizas el calendario. No estás en tu escritorio o en el metro o preparando la cena para los niños. Estás leyendo People en la sala de espera de un quirófano, o temblando en un balcón mientras fumas toda la noche. Miras al vacío, sentada en el cuarto de tu infancia con el globo terráqueo sobre la mesa. Persia, el Congo Belga. El problema es que cuando vuelves a la vida normal, todas las rutinas, las marcas del día a día parecen mentiras sin sentido. Todo es sospechoso, una trampa para adormecernos, para volver a arroparnos en la plácida inexorabilidad del tiempo.

[Del relato "Espera un momento"]


[Alfaguara. Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino]

Próximamente: Tiene que llover. Mi lucha: 5


De Karl Ove Knausgard. En Anagrama.

Cartel de Displacement


jueves, abril 20, 2017

En Playtime / El Plural (con Israel Paredes): 5 recomendaciones literarias


Próximamente: Carter



De Ted Lewis. En Sajalín Editores.

It Comes at Night: 2º cartel


Saturno, de Eduardo Halfon


A pesar de que nos mirábamos casi a diario, no recuerdo la última vez que usted estuvo conmigo. Dirigirse la palabra, padre, no es hablar. Sentarse a comer juntos no es estar juntos. Manteníamos una relación civil porque nuestra diplomacia así lo requería, porque no teníamos el valor para admitir nuestra creciente desidia, nuestro fracaso. Nos ignorábamos. Su presencia sólo la percibía cuando me insultaba. Como un bicho, usted me insultaba. ¿Lo recuerda, padre? Siempre me fue incomprensible su completa frialdad hacia el sufrir y la vergüenza que podía causarme con sus palabras y condenas.

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Usted mandaba. Más que un padre, usted era un tirano. Para mí, usted poseía la enigmática cualidad de todo tirano cuyos derechos están basados en su persona y no en la razón. Usted no razonaba. De su boca sólo salían órdenes. Y como un subordinado, yo debía cumplirlas.

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Y me escapé. De todos. Pero en especial de usted. Abandoné todo (su autoridad, su dinero, sus ideas, hasta su religión) y viajé hacia la única cueva donde me sentía protegido, donde sabía poder estar completamente aislado de usted. Al lenguaje. Era imperativo escaparme a un mundo sobre el cual usted jamás pisaría. Al mundo de la madre: el lenguaje, las palabras, la literatura. Un mundo inaccesible para gigantes como usted.
Huyo escribiendo, padre.


[Jekyll & Jill]

Trailer de American Assassin



Sergio González Rodríguez (1950 - 2017)


Churchill: 2 carteles



lunes, abril 17, 2017

En Aleteia: Born to Be Blue


Trailer de Detroit


Thor: Ragnarök: primer cartel


Próximamente: Esclavirtud


De Paul Beatty. En Malpaso Ediciones.

Churchill: 2º cartel


Star Wars: The Last Jedi: primer trailer


The Mummy: tercer cartel


The Book of Henry: nuevo cartel


martes, abril 11, 2017

Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich


Este libro no trata sobre Chernóbil, sino sobre el mundo de Chernóbil. Sobre el suceso mismo se han escrito ya miles de páginas y se han sacado centenares de miles de metros de película. Yo, en cambio, me dedico a lo que he denominado la historia omitida, las huellas imperceptibles de nuestro paso por la tierra y por el tiempo. Escribo y recojo la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma. La vida de lo ordinario en unas gentes corrientes. Aquí, en cambio, todo es extraordinario: tanto las inhabituales circunstancias como la gente, tal como les han obligado las circunstancias, elevándolos a una nueva condición al colonizar este nuevo espacio. Chernóbil para ellos no era una metáfora ni un símbolo, era su casa. Cuántas veces el arte ha ensayado el Apocalipsis, ha probado las más diversas versiones tecnológicas del final del mundo, pero ahora sabemos positivamente que la vida es incomparablemente mucho más fantástica.
Un año después de la catástrofe, alguien me preguntó: "Todos escriben. Y usted que vive aquí, en cambio no lo hace. ¿Por qué?". Yo no sabía cómo escribir sobre esto, con qué herramientas, desde dónde enfocarlo. Si antes, cuando escribía mis libros, me fijaba en los sufrimientos de los demás, a partir de entonces mi vida y yo se convirtieron en parte del suceso. Se fundieron en una sola cosa y no había manera de mantener una distancia.
[Svetlana Alexiévich, autora]

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Pero he viajado a la zona de Chernóbil. Ya había estado muchas veces. Y allí he comprendido que me veo impotente. Que no comprendo. Y me estoy destruyendo con esta incapacidad de comprender. Porque no reconozco este mundo, un mundo en el que todo ha cambiado. Hasta el mal es distinto. El pasado ya no me protege. No me tranquiliza. Ya no hay respuestas en el pasado. Antes siempre las había, pero hoy no las hay. A mí me destruye el futuro, no el pasado.
[Piotr S., psicólogo]

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Nubes de polvo. Tractores en el campo. Mujeres con las horcas. El dosímetro que zumba.
No hay gente y el tiempo se mueve de otro modo. El día es largo, inacabable, como en la infancia.
Prohibido quemar hojas. Las enterraban.
No se puede sufrir así, tan sin sentido. [Llora] Sin palabras hermosas conocidas. Ni siquiera sin la medalla que le dieron. Allí está, en casa. Nos la dejó a nosotros.
Pero hay una única cosa que sé, y es que ya nunca más seré feliz.
[Nina Prójorovna Kovaliova, esposa de un liquidador]

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Decían que era Chernóbil; escribían que era por Chernóbil. Pero nadie sabía qué era aquello. Ahora aquí todo es diferente: nacemos de otro modo y morimos de otra manera. Diferente a todos los demás. Usted me preguntará, ¿cómo se muere después de Chernóbil? Un hombre al que amaba, al que quería de una manera que no habría podido ser mayor si lo hubiera parido yo misma, y este hombre se convertía ante mis ojos en… en un monstruo.
Le extirparon los ganglios, y como ya no los tenía, se trastocó toda la circulación; hasta la nariz se le movió, creció al triple de su tamaño; los ojos parecían otros, se le desplazaron a los lados, apareció en ellos un brillo desconocido y una expresión como si no fuera él, sino otro el que mirara desde allí. Luego un ojo se le cerró por completo.
[Valentina Timoféyevna Ananasévich, esposa de un liquidador]


[Debate. Traducción de Ricardo San Vicente]

jueves, abril 06, 2017

En Playtime / El Plural: autores del bizarro


Bienvenidos al bizarro: aquí
 

Próximamente: Regreso a Twin Peaks


De Varios Autores. En Errata Naturae.

Cartel de HHhH


I

Es el viento, la brisa por la sombra,
la luz, el rastro de agua, puro o yerto,
luna o sol, roca y árbol, el desierto;
océano de arena, apenas nombra

el lazo cómplice sin tiempo claro,
ante el agua y la duda es el vacío,
alumbrando el silencio la huella, río
sin tiempo, une sin hilos, en un raro

laberinto transformado en su Nada,
primitiva la forma antes del Todo,
la carne de su imagen engendrada

de la escoria, su tiempo que ha prendido
la lección íntima de su destello:
en su nombre celebrarán su olvido.

Joaquín Fabrellas, Clara Incertidumbre

Alien: Covenant: 2 nuevos carteles



lunes, abril 03, 2017

viernes, marzo 31, 2017

Magia cruda. Una biografía de Sylvia Plath, de Paul Alexander


En uno de los cuartos del piso de arriba dos niños pequeños, una niña que todavía no llega a los tres años y un bebé de apenas diez meses, duermen tranquilamente en sus camas. En el piso de abajo, en una habitación reconvertida en un improvisado estudio, la única otra persona que hay en la casa, una mujer joven, se inclina sobre su escritorio. Su cuerpo es delgado y su piel pálida y blanquecina. Lleva meses perdiendo peso de manera constante. Su pelo, largo y castaño, le cuelga por los hombros con desaliño. Se sienta absorta en su tarea en el borde de la silla, mientras examina una serie de documentos diseminados por la mesa. De vez en cuando se queda ensimismada mirando por la ventana. No quiere perderse el paisaje iluminado por las luces justo antes del amanecer: la luna nítida, los árboles desnudos y las figuras difusas de las lápidas que se alzan en el cementerio que hay justo entre la casa y una pequeña iglesia de piedra del siglo XII. No suele hacer este esfuerzo a menudo. Sin embargo, puesto que ha de continuar con su trabajo, ha decidido levantarse a las cuatro de la mañana. No es algo nuevo. Lleva haciéndolo varias semanas porque en el momento en que los niños se despiertan, sobre las ocho, tiene que parar de escribir y dedicarles atención plena; tanto a ellos, como a las decenas de tareas propias del cuidado de la casa.

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Una década después de la aparición de The Feminine Mystique, se había formado un movimiento socio-político de dimensiones desconocidas hasta la fecha en torno a las problemáticas de las mujeres. En abril de 1971, cuando La campana de cristal aterrizó en las librerías americanas, muchas mujeres se sintieron identificadas con la desesperación de su protagonista, Esther Greenwood, indignada con la sociedad hipócrita en la que vive. Respondieron al sufrimiento y muerte de Sylvia Plath, acusando a la estructura patriarcal de poder en la sociedad. A principios de los años setenta, prácticamente todo lo escrito por o sobre Sylvia –sus cuatro poemarios, La campana de cristal, The Savage God y varias memorias–, sugerían que la última crisis que padeció y desembocó en su suicidio, se debió a la desilusión provocada al comprobar que lo que la sociedad le había prometido y lo que realmente acabó obteniendo en su vida eran dos cosas muy distintas. Se había graduado con honores en la Smith, había obtenido una beca Fulbright para Cambridge, había afianzado con enorme determinación los cimientos de una sólida carrera literaria y, a la vez, había cumplido la exigencia de casarse y formar una familia. ¿En qué había desembocado todo eso? En un marido que la abandonaba por otra mujer, en un frío apartamento londinense, con dos niños pequeños y sin posibilidad de ganarse la vida.     


[Barlin Libros. Traducción de Alberto Haller y Sonia Bolinches]

Próximamente: Cuentos escogidos de Joy Williams


En Seix Barral.

En Playtime / El Plural: Paul Alexander & Sylvia Plath



Magia cruda. Una biografía de Sylvia Plath: aquí.

Otro cartel de Free Fire


War for the Planet of the Apes: 2 carteles



jueves, marzo 30, 2017

Homoconejo, de Alfonso García-Villalba


Sí que soy consciente, en cambio, de su interés por la forma en que cuadriculo la realidad. Claro. Para una mejor comprensión de la realidad ésta debe cuadricularse, siempre pienso eso. La cuadrícula –foto, pantalla, libro– facilita la comunicación porque concentra el mensaje en un punto y desecha lo irrelevante, lo que está fuera. Esto funciona también, evidentemente, con esas imágenes que parecen sueños borrosos en las ventanas de los vagones de tren, metáforas muertas sobre cristal.

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A decir verdad, es frecuente que la trayectoria que va de la vigilia al sueño se vuelva complicada. Mi padre describía tales dificultades para desconectar aquí y sintonizar en el otro lado y precisaba que, cuando por fin lo conseguía, todas las imágenes que veía eran extrañas, como si los distintos niveles de realidad se superpusieran para generar una imagen nebulosa y deforme que se proyectaba en el sueño como si se tratara de una película.

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En una pantalla consigo ver imágenes de una película de serie B. Después aparecen libélulas copulando, libélulas que devoran la cabeza de alguna otra libélula muerta. Un montaje imposible, mezcla de delirio científico y documental de insectos diminutos. Un helicóptero parece convertirse en libélula en la pantalla y la cabina del aparato se transforma en una cabeza con mandíbula dentada. Sus ojos compuestos parecen vibrar con el movimiento de las hélices. El aire huele a tierra y en la pantalla se suceden las imágenes: topos muertos, conejos triturados con tierra y raíces muertas, máquinas excavadoras que se mueven como artrópodos en un montaje frenético y convulso, bloques de hormigón prefabricados que se sitúan de forma calculada en la posición que les corresponde en una estructura a todas luces laberíntica, piernas ensangrentadas de mujer, piernas de mujeres bailando, sandalias, tacones de aguja, raíces, peces, caballitos de mar en una sucesión aleatoria y frenética de imágenes que se conecta al ritmo de la música y que se clava en mis ojos como agujas.


[e.d.a. libros] 

It: primer trailer


Cartel de Stefan Zweig: Adiós a Europa


The Book of Henry: 2 carteles



miércoles, marzo 29, 2017

Próximamente: Arenas blancas: Experiencias del mundo exterior


De Geoff Dyer. En Random House.

It: primer cartel