viernes, mayo 26, 2017

Denis Johnson (1949 - 2017)



La habitación de las ahogadas, de Álex Portero


i


Alguien cree que la muerte se puede reparar.
Jorie Graham


Abandonada la idea de la voz gótica, veo partir mi propia vida a lomos del último bisonte. Crece una polifonía en algún punto de mi cerebro como un tumor de origen angélico que acaricia y mata. Solo sirvo para devorar juncos y allanar el camino a deidades que nada quieren decirme, soy algo bestial que canta con voz clara, semiótica desechada, semilla suspendida en hielo perpetuo, un hada con la cabeza abierta.

Las niñas ya no pintan runas sobre mi piel con los dedos mojados en la sangre de sus padres y lo echo de menos, han abandonado el bosque ante el avance de las telarañas y los desdentados. Han perdido la voluntad para seguir imaginando mi topografía y darle forma.

Danzo alrededor de la hoguera sin compañía –y sin fuego– como demostración de debilidad, como celebración de la estupidez, danzo con la insistencia terminal propia de las mentes atormentadas y los cuerpos exhaustos. Aquí me encuentro, soplando un cuerno contra el catabático, tiritando y soñando con la inanición y el sarmiento, rezando al espíritu de la ceniza para que se lleve la peste y las mantecas que me visten, girando alrededor de un agujero húmedo que no guarda memoria de las brasas. 

He olvidado las plegarias y las ha cubierto el musgo, puede que me siente a escuchar crecer mis uñas hasta que sean garras y pueda rascar la superficie verde de las piedras, quiero enfebrecer buscando relieves que me devuelvan la lengua de mi madre. Para entonces quizás quede algún espacio donde quepa la esperanza, donde pueda guardarse un pétalo fresco que cuente mi historia con sus nervaduras, ojalá no hayan desaparecido los augures si este día llega, ojalá queden vivas brujas de las flores o druidas de ojos nublados que no hayan enloquecido. Ojalá exista alguien que quiera recordarme.

**



xxi


El hombre de blanco se lleva el índice a los labios y tira del hilo que todo lo calla.
Yo golpeo las paredes hasta hallar la pauta
y comunicarme con claridad en el idioma de los nudillos y las lágrimas.

Nadie escucha.
Nadie entiende el significado de los garabatos rojos que adornan mis nalgas.
Nadie sabe.
De la imponente cantidad de dolor necesaria para escribir poesía.

También llevo el pecado de Eva clavado en la garganta,
el muerto que me da nombre os impide verlo,
pero lo llevo.
Conozco la rutina del potro y nunca me acuerdo de contarla,

sobrevuelo la noche de las cansadas
y deposito cornezuelo en los párpados de las que quieren olvidar su juventud.

En todo lo que escribo se percibe la vibración del Leteo,
todo es agua subterránea,
todo es corriente furiosa con la palabra
miseria depositada en los meandros,
todo es historia pasada y herida abierta,
todo es pulsión de locura o muerte.

He llegado al fin de las metáforas.
Y no quedan familiares a los que exigir luto, escándalo y tragedia.

He llegado al fin de las metáforas.
Y no encuentro la respiración adecuada para evitar la mordedura de la memoria.

He llegado al fin de las metáforas.
Y las niñas aplauden desde lejos mientras llueve sobre mi tumba.

He llegado al fin de las metáforas.
Y sigo sin querer escuchar las últimas palabras de los agonizantes.

He llegado al fin del poema.
Y no reconozco como mía una sola palabra escrita.

He llegado al fin del poema.
Y solo quedan trazos en la ceniza para decir, de forma convincente, adiós.

[Harpo Libros]

Cartel de Dean


Megan Leavey: 2 carteles



jueves, mayo 25, 2017

Cartas al padre Flye, de James Agee


El verdadero veneno que lo conduce a uno al borde del suicidio (y que cualquier pensamiento positivo contrarrestaría) es el odio a sí mismo. Al menos ha sido así en mi caso. Y una de las cosas más crueles de ese odio es que, conscientemente, condensa y refuerza el desprecio que uno siente por sí mismo. Pero esto es pura palabrería porque, como le digo, ya he salido del pozo y no creo que tarde mucho en reponerme completamente. De ser así, no tengo motivos para temer una nueva recaída en mucho tiempo.

[Extracto de una carta de 1932]

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Si fuera tan quijotesco como me siento a veces, dejaría el trabajo hoy mismo. Y mañana me moriría de hambre o me quedaría sin ideas. No se me ocurre cómo resolver el problema: no sé cuál sería el camino más sencillo. Y aunque lo supiera, no sé si querría seguirlo. Si tuviera tanta confianza en mi talento como ganas de escribir, todo sería mucho más sencillo, pero mi confianza es variable y a menudo nula. Aun así, nunca disminuye lo bastante como para plantearme renunciar a escribir.

[Extracto de una carta de 1933]

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Si me lo pudiera permitir, estaría encantado de dejar que alguien de confianza me sometiera a alguna clase de cirugía cerebral, pero lo que de verdad me haría ilusión sería madurar un poco y evitarme este tipo de inquietudes. Entretanto, he cumplido treinta años y he perdido irremisiblemente todos los trenes que hubiera debido tomar.

[Extracto de una carta de 1939]


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Me quedaré aquí hasta mediados o finales de enero trabajando en un guión con John Huston: La reina de África, basado en la novela de C. S. Forester. Si no hay contratiempos podría ser una película fabulosa y si se tuerce, de lo peor de la cartelera. Creo que acabará siendo buena, puede que muy buena, pero no maravillosa ni pésima. En todo caso estoy disfrutando el trabajo: hemos abordado el guión como una comedia de enredos con un trasfondo de procacidad, tratando de hilvanar toda clase de cosas extraordinarias: poesía, misticismo, realismo, romance, tragedia…

[Extracto de una carta de 1950]


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Sé que Mia vive sumida en una tristeza crónica a causa de la angustia que siente por mí, por mis trastornos cardiacos y por lo poco que cuido de mi corazón. Estoy sin trabajo y sin dinero. La única forma que tengo a mano de mejorar mis perspectivas es el alcohol, pero debo extremar la moderación (en realidad, no debería probar ni gota). La única vía alternativa de escape es trabajar tanto como pueda…
Al diablo con todo.

[Extracto de una carta de 1951]

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Desde el último jueves del año pasado padezco ataques cardiacos frecuentes. Los periodos de calma duran uno o dos días en el mejor de los casos; en el peor, llego a tener ocho ataques al día, y son dolorosísimos. Por fortuna, siempre logro controlarlos con píldoras de nitroglicerina, así que espero que no tengan que volver a hospitalizarme. Desde luego, veo regularmente al médico, y la semana que viene tengo programada una visita con el mejor cardiólogo de Nueva York.

[Extracto de una carta de 1955]

**

Más allá de esto hay poco que contar, salvo que tengo la sensación de estar a punto de morir: me ha invadido una lentitud atroz en todos los sentidos, y muy especialmente en lo que respecta al trabajo.

[Extracto de una carta de 1955]


[Jus Ediciones. Traducción de Alex Gibert]

Trailers de Spider-Man: Homecoming




Mal de pierres: 2 carteles



miércoles, mayo 24, 2017

Próximamente: Siguiendo los pasos del hombre que se fue


De David González. En Canalla Ediciones.

Teoría del ascensor, de Sergio Chejfec


Terminada la lectura y a punto de cerrar el libro aún ignoramos de qué se ha tratado. Estas breves líneas no van aclarar el punto. Si alguna enseñanza o advertencia sostiene a la historia se muestra mejor como misterio, o como presencia insegura, que como certeza. Y también se podría decir que, en cualquier caso, enigma o evidencia, están muy bien disimuladas. Como ocurre por lo general, la palabra "enseñanza" alude a cosas diferentes que no ha sido intención de la lectura, y acaso tampoco del libro, considerar.

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Escuchado en la mesa contigua del bar en el que esperé a MF: "Quisiera volver a mi casa y no salir más. No solamente no salir más, sino tampoco contestar el teléfono –que por otra parte ya casi no suena–, ni atender el timbre, y, sobre todo, no leer el correo electrónico, olvidarme de Facebook y de Twitter, de Whatsapp y de Reddit. Aborrezco Linkedin, Instagram, Skype, todas. Quisiera borrarme de todo estoy y permanecer así durante largo tiempo, hasta que todos quienes me conocen se olviden de mí. Y una vez que eso ocurra, me gustaría empezar a vivir de otro modo: tomaría mi casa como mi escondite principal, la puerta que nadie asociaría conmigo. Empezaría un definitivo periodo de vida furtiva. No por nada en particular, sólo porque sería el único consustanciado con mi secreto profundo. Es lo más parecido que encuentro a la idea de cortar con mi propio sujeto: que las acciones, al no ser electrónicas y por lo tanto resulten difícilmente legibles, dejen de estar asociadas a mí".

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Uno sabe, se supone, cómo llega a una lengua. Pero no sabe cómo se quedará en ella.


[Jekyll & Jill]

martes, mayo 23, 2017

Roger Moore (1927 - 2017)


lunes, mayo 22, 2017

En Playtime / El Plural (con Israel Paredes y Paloma Fidalgo): 9 recomendaciones literarias


Próximamente: Opiniones contundentes [reed.]


De Vladimir Nabokov. En Anagrama.

The Dark Tower: otros 2 carteles



Sexo, exilio y rock and roll, de Ali Eskandarian


¿Queda espacio para los artistas en esta ciudad saturada de fantasmas? Me duele la cabeza y me siento otra vez mareado. Soy un inmigrante inmerso en cláusulas de inmigración, sin dientes de tiburón con que arrancar un jugoso pedazo de carne americana para mí. Los sueños americanos rebotan por mi cerebro cansado, pero no se adhieren a sus viscosas paredes. ¿Dónde están todas las canciones? ¿Dónde está la poesía? Ahora es diferente y tú lo sabes. Cambia con los tiempos siempre cambiantes, muchacho, y nunca te inquietes, repito una y otra vez con un vaso de whisky escocés con hielo en la mano.

**

Créate una piel de rinoceronte y aguarda con paciencia. No puedes ser un artista y esperar nada de este mundo. Ni dinero, ni reconocimiento, ni un cambio de estatus. Si quieres sobrevivir, debes olvidar todo eso y continuar. Es absurdo marchitarse y morir, la muerte vendrá muy pronto por sí sola, no te apures. Busca la fértil tierra aluvial de tu mente, planta, cosecha. Las estaciones irán desfilando como todo lo demás. Olvida la dura realidad de este mundo físico y sigue adelante. Eso es lo que hay. Si rascas bajo la superficie, solo encontrarás mugre.

**

Ahora cada uno está solo en el mundo. He logrado entristecer a Allison otra vez y ya no se puede hacer otra cosa que dejarla con tristeza. Me prendería fuego a mí mismo si así pudiera hacerla cambiar de humor, pero eso no serviría sino para crear más problemas. Debemos alejarnos de todo. Correr a las montañas y empezar de cero.


[Malpaso Ediciones. Traducción de Santiago del Rey]

The Glass Castle: primer cartel


How to Talk to Girls at Parties: primer cartel



jueves, mayo 18, 2017

Chris Cornell (1964 - 2017)


En Aleteia: Ya no me siento a gusto en este mundo





Ingrid Goes West: primer cartel


Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut


Mira, Sam, si este libro es tan corto, confuso y discutible, es porque no hay nada inteligente que decir sobre una matanza. Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Solamente los pájaros cantan.
¿Y qué dicen los pájaros? Lo único que se puede decir sobre una matanza; algo así como "¿Pío-pío-pi?"
Les he enseñado a mis hijos que jamás tomen parte en matanza alguna bajo ningún pretexto, y que las noticias sobre el exterminio y la derrota de sus enemigos no deben producirles ni satisfacción ni alegría.
También les he inculcado que no deben trabajar en empresas que fabriquen máquinas de matar, y que deben expresar su desprecio por la gente que las cree necesarias.

**

La anciana casi no tenía voz, de manera que Billy tuvo que pegar su oreja derecha a los apergaminados labios para oírla. Evidentemente tenía algo muy importante que decir.
-¿Cómo…? –empezó. Y calló. Estaba demasiado cansada. Esperaba no tener que terminar la frase, confiaba en que Billy lo haría por ella.
Pero Billy no tenía ni idea de lo que quería decir.
-¿Cómo… qué, madre? –preguntó.
Ella tragó saliva con dificultad, e incluso derramó alguna lágrima. Después reunió toda la energía que quedaba en su decrépito cuerpo, incluida la de las puntas de los dedos de los pies, y al fin pudo acumular la suficiente para murmurar la frase completa.
-¿Cómo me he vuelto tan vieja?

**

Aun cuando no se movieran, los vagones del tren de Billy estaban completamente cerrados. Nadie podía salir de ellos hasta llegar al final de su destino. Para los guardas que paseaban arriba y abajo, cada vagón se había convertido en un organismo único que comía, bebía y evacuaba a través de los respiraderos. Incluso hablaba y, a veces, gritaba a través de los mismos. Por ellos entraban agua, rebanadas de pan moreno, salchichas y queso, y salían mierda, orina y vocerío.
Los seres humanos que allí había hacían sus funciones evacuadoras en cascos de acero que luego pasaban a los que estaban en los ventiladores para que los vaciaran. Billy era un vaciador. Aquellos seres humanos se pasaban también las cantimploras llenas de agua que les entregaban los guardas. Y cuando les llegaba la comida, aquellos seres humanos se tranquilizaban tanto que una maravillosa ola de confianza los invadía a todos. Y la compartían.

**

El pelotón caminó dando rodeos, gasta dirigirse definitivamente hacia la verja del matadero de Dresde. Una vez dentro se dieron cuenta de que allí no había movimiento. La razón era que la mayoría de animales con pezuñas de Alemania habían sido ya muertos, comidos y excretados por seres humanos, en especial soldados. Así era.
Los americanos fueron conducidos al quinto edificio del matadero. Era un bloque de cemento de un solo piso, con puertas corredizas en las partes delantera y trasera, que fue construido para alojar a los animales que iban a ser sacrificados. Ahora serviría como vivienda a un centenar de prisioneros de guerra americanos sin hogar. Estaba provisto de literas, un lavadero y dos estufas. Detrás había una letrina formada a base de un tablón agujereado y varios cubos debajo.
Sobre la puerta del edificio había un número inmenso. Era el número cinco. Antes de que los americanos entraran, el único guarda que hablaba inglés les recomendó que se acordaran de su nueva dirección para el caso de que se perdieran en la gran ciudad. La dirección era: "Schlachthof-fünf". Schlachthof significa matadero. Fün, el viejo y querido número cinco.


[Anagrama. Traducción de Margarita García de Miró]

Battle of the Sexes: primer cartel


miércoles, mayo 17, 2017

martes, mayo 16, 2017

Hoy, en Madrid


lunes, mayo 15, 2017

Autobiografía de un Búfalo Pardo, de Óscar Zeta Acosta


Aunque nací en El Paso, Texas, en realidad soy un chico de pueblo pequeño. Un paleto del quinto infierno, un chaval mexicano de barrio bajo. Crecí en Riverbank, California; distrito postal 303; 3.969 habitantes. Es la única localidad de todo el estado cuyas principales estadísticas han permanecido inalteradas. El letrero que te da la bienvenida al tomar la curva según vienes de Modesto dice: "La ciudad de la acción".

**

Mujeres de rostro moreno, cabello negro y largo, ojos que no se achantan ni ante el mismísimo diablo. Mire donde mire, cientos de cantantes de Juárez, mis hermanas, mis primas, mis tías y aquellas siete chicanas que se graduaron conmigo en la primaria de Riverbank. Y todas expresándose en la lengua de mi infancia; esa lengua que dejé de hablar a los siete años, cuando el capitán insistió en que no aprenderíamos inglés hasta que no dejásemos de hablar español; una lengua de vocales suaves y consonantes elásticas, siempre con esas "erres" de tracción rápida para amenazar o engatusar; una lengua para noches de luna bajo tormentas tropicales, para noches estrelladas en desiertos pardos y para hacer declaraciones de guerra en cimas de montañas nevadas; una lengua perfecta hasta en el último detalle para gente que se toma en serio la vida y a la que solo le preocupa la muerte en lo que tiene de alusión al último día de estancia en la tierra.

**

Estaba atrapado. No podía moverme. La puerta se entreabrió y arrojaron a otro hombre detrás de mí. En esa fracción de segundo pude ver que la sala estaba completamente llena de hombres tendidos en el suelo. Solo quedaba espacio para permanecer de pie entre los cuerpos de los piraras más feos que había visto en mi vida. Hombres con patillas infestadas de piojos. Hombres que llevaban un siglo sin afeitarse el bigote. Hombres sin manos, sin brazos, con parches negros en sus rostros depravados. Prisioneros de guerra, ¡joder! El Agujero Negro de Calcuta. La mazmorra. Las profundidades cavernosas de una cloaca bajo las calles cubiertas de esputos de Ciudad Juárez.

**

Camino lentamente en las primeras horas de la mañana por la ciudad del pecado y las luces de colores. Las mujeres soberbiamente esculpidas, con su maquillaje y sus labios carmesíes, han desaparecido. Los bares están en silencio. No hay chulos a la vista. La ciudad es gris. El polvo se adhiere a la pintura barata de las paredes. La basura cubre las calles, restos de mazorcas de maíz, hojas de tamales devorados, corazones de manzana, latas de cerveza vacías y cagadas de perro. Juárez por la mañana, cuando solo tienes dos centavos en el bolsillo y te han ordenado que te largues de la ciudad a punta de pistola, es la ciudad más deprimente que te puedes echar a la cara.

**

Lo que ahora entiendo, en este día lluvioso de enero de 1968, después de todo este periplo, es que no soy mexicano ni estadounidense. No soy ni católico ni protestante. Soy chicano por ascendencia y búfalo pardo por elección. ¿De verdad les cuesta tanto entenderlo? ¿O es que prefieren no entender por miedo a que la tome con ellos? ¿Les aterran las manadas que fueron masacradas, descuartizadas y despedazadas para hacerles la vida un poquito más placentera? Aunque hubiesen podido sobrevivir sin necesidad de comer nuestra carne, sin utilizar nuestras pieles para abrigarse y sin colgar nuestras cabezas en las paredes de sus salones a modo de trofeos, no les deseamos ningún mal. No somos un pueblo vengativo. Como solía decir mi viejo, el indio perdona, pero nunca olvida… Y eso, señoras y señores, es todo cuanto tenía que decir. A menos que permanezcamos unidos, los búfalos pardos nos extinguiremos. Y yo no quiero vivir en un mundo sin búfalos pardos.


[Dirty Works. Traducción de Javier Lucini]

Cartel de The Beguiled (La seducción)


Powers Boothe (1948 - 2017)


Mother!: primer cartel


Próximamente: La vida de Raymond Chandler


De Frank MacShane. En Alrevés.

Cartel de Baby Driver


Wonderstruck: primer cartel


Paul McCartney en Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales


jueves, mayo 11, 2017

La vegetariana, de Han Kang


Hasta que terminaron de servir los más de diez platos que conformaban la cena, mi mujer solamente había comido ensalada, kimchi y gachas de calabaza.
[…]
Cuando trajeron fruta como postre, comió un trozo de manzana y de naranja.
-¿No tiene hambre? Casi no ha comido… –se preocupó nuestra anfitriona, con tono animado y cortés.
Sin sonreír, sin ponerse colorada y sin titubear, mi mujer se quedó mirándola fijamente en silencio. Esa mirada estaba horrorizando a todos los presentes. ¿Sabía en qué reunión estábamos? ¿Sabía quién era la mujer elegante y madura que le había dirigido la palabra? Por un instante su cabeza, a la que nunca me había asomado antes, me pareció una trampa sin fondo.

**

Ya no puedo dormir ni cinco minutos seguidos. Apenas me abandona la conciencia, sueño. No, ni siquiera se puede decir que sean sueños. Son escenas breves que me asaltan de forma intermitente. Ojos feroces de bestias, formas sangrientas, cráneos abiertos y de nuevo ojos de fieras. Son ojos que parecen nacidos de mis entrañas. Cuando abro los míos temblando, me miro las manos. Reviso si mis uñas siguen todavía blandas, si mis dientes siguen todavía romos.
Solo confío en mis pechos. Me gustan mis pechos, pues con ellos no puedo matar a nadie. ¿Acaso las manos, los pies y los dientes, e incluso la lengua y la mirada, no son armas con las que se puede matar y herir a cualquiera? Pero los pechos no. Mientras posea estos pechos redondos, estoy segura. Todavía estoy a salvo. ¿Pero por qué se me están adelgazando de este modo? Ya no son redondos. ¿Por qué será? ¿Por qué me estoy quedando tan flaca? ¿Qué es lo que cortaré con mi cuerpo que me estoy poniendo tan afilada?

**

-No voy a comer –dijo con voz firme, abriendo por primera vez la boca.
-¡¿Qué?! –gritaron al unísono mi suegro y mi cuñado, que tenían el mismo carácter explosivo.
La mujer de mi cuñado tiró rápidamente del brazo de su marido para aplacarlo.
-¡Ya no puedo soportar ver esto! ¿Te crees que estoy de broma? ¡Come de una vez! –gritó mi suegro.
Imaginé que mi mujer le respondería algo así como "Lo siento mucho, no puedo comer", pero en lugar de eso habló con calma, sin el menor deje de disculpa:
-Yo no como carne.

**

-Mira el aspecto que tienes. Si no comes carne, te devorará el resto del mundo. ¡Mírate al espejo! ¡Mira qué cara tienes!

**

Cosa sorprendente, ella no parecía sentir curiosidad alguna, por eso podía mantener la calma en cualquier situación. No había explorado el espacio desconocido donde se encontraba ni tampoco había expresado inquietudes que hubieran sido naturales en estas circunstancias. Parecía contentarse con presenciar como una espectadora las cosas que le sucedían a su persona. O quizás en su interior ocurrían cosas tan terribles, cosas tan inimaginables que ya tenía más que suficiente con tener que convivir con ellas en la vida diaria y por eso no le quedaban energías para mostrar curiosidad, explorar o reaccionar a lo que ocurría a su alrededor.

**

"¿En qué punto se torcieron las cosas?", se pregunta en esos momentos. "¿Dónde comenzó todo esto? Mejor dicho, ¿dónde comenzó a desmoronarse todo esto?".
Yeonghye había empezado a comportarse de un modo extraño unos tres años atrás, cuando repentinamente se volvió vegetariana. Ahora hay mucha gente que es vegetariana, pero lo particular en su caso era que no estaban claros los motivos que la habían llevado a aquello. Había adelgazado hasta un grado lastimoso, casi no dormía y, aunque siempre había tenido un carácter taciturno, había perdido el habla hasta un punto en el que era difícil la comunicación.


[Rata_Books. Traducción de Sunme Yoon]

Próximamente: Hombres en el espacio


De Tom McCarthy. En Pálido Fuego.

Cartel de Beside Bowie: The Mick Ronson Story


En Playtime / El Plural: Han Kang


La vegetariana: aquí.

Cartel de The Limehouse Golem


Atomic Blonde: 2º cartel


Michael Parks (1940 - 2017)


martes, mayo 09, 2017

Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro


Dentro de algunos años alcanzaré la edad de mi padre y, unos años después, superaré su edad, es decir, seré mayor que él y, más tarde aún, podré considerarlo como si fuese mi hijo. Por lo general, todo hijo termina por alcanzar la edad de su padre o por rebasarla y entonces se convierte en el padre de su padre. Sólo así entonces podrá juzgarlo con la indulgencia que da el "ser mayor", comprenderlo mejor y perdonarle todos sus defectos. Sólo así, además, se alcanza la verdadera mayoría de edad, la que extirpa toda opresión, así sea imaginaria, la que concede la total libertad.

**

Es necesario dotar a todo niño de una casa. Un lugar que, aun perdido, pueda más tarde servirle de refugio y recorrer con la imaginación buscando su alcoba, sus juegos, sus fantasmas. Una casa: ya sé que se deja, se destruye, se pierde, se vende, se abandona. Pero al niño hay que dársela porque no olvidará nada de ella, nada será desperdicio, su memoria conservará el color de sus muros, el aire de sus ventanas, las manchas del cielo raso y hasta "la figura escondida en las venas del mármol de la chimenea". Todo para él será atesoramiento. Más tarde no importa. Uno se acostumbra a ser transeúnte y la casa se convierte en posada. Pero para el niño la casa es su mundo, el mundo. […]

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El mundo no está hecho para los niños. Por ello su contacto con él es siempre doloroso, muchas veces catastrófico. Si coge un cuchillo se corta, si sube a una silla se cae, si sale a la calle lo arrolla un automóvil. Es curioso que en tantos miles de años de civilización no se haya hecho prácticamente nada para aliviar o solucionar este conflicto. Se han inventado los juguetes, es cierto, que es un mundo miniaturizado, al uso y medida de los niños. Pero éstos se aburren de sus juguetes y, por imitación, quieren constantemente disponer de las cosas de los adultos. Con qué decisión y espontaneidad se precipitan hacia su adultez, qué obstinación la suya en mimar a sus mayores. Y a costa del dolor, aprenden. Su condición para progresar es justamente estar en contacto permanente con el mundo adulto, con lo grande, lo pesado, lo desconocido, lo hiriente. Sería lo ideal, claro, que vivieran en un mundo aparte, acolchado, sin cuchillos que cortan ni puertas que chancan los dedos, entre niños. Pero entonces no evolucionarían. Los niños no aprenden nada de los niños.

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El acto de escribir nos permite aprehender una realidad que hasta el momento se nos presentaba en forma incompleta, velada, fugitiva o caótica. Muchas cosas las conocemos o las comprendemos sólo cuando las escribimos. Porque escribir es escrutar en nosotros mismos y en el mundo con un instrumento mucho más riguroso que el pensamiento invisible: el pensamiento gráfico, visual, reversible, implacable de los signos alfabéticos.

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Cada instante nos hace otros, no sólo porque añade a lo que somos, sino porque determinará lo que seremos.

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También mueren los lugares donde fuimos felices.

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En su comportamiento con las mujeres los hombres son por lo general necios, fatuos y francamente detestables. Mis viajes en metro me tienen ya familiarizado con el ceremonial de los machos mediterráneos –españoles, italianos, argelinos, tunecinos y en menor grado franceses– que desde que suben a un vagón no piensan más que en ubicar a una mujer, de preferencia guapa, pero, si no la hay, a cualquier mujer, para aprovechar la apretura y frotarse contra ella.

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A cierta edad, que varía según las personas pero que se sitúa hacia la cuarentena, la vida comienza a parecernos insulsa, lenta, estéril, sin atractivos, repetitiva, como si cada día no fuera sino el plagio del anterior. Algo en nosotros se ha apagado: entusiasmo, energía, capacidad de proyectar, espíritu de aventura o simplemente apetito de goce, de invención o de riesgo.

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Podemos querer a una persona que nos desprecia o incluso que nos ignora. La amistad, en cambio, exige la reciprocidad, no se puede ser amigo de quien no es nuestro amigo.

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Uno escribe dos o tres libros y luego se pasa la vida respondiendo a preguntas y dando explicaciones sobre estos libros. Lo que prueba que a la gente le interesa tanto o más las opiniones del autor sobre sus libros que sus propios libros. Y en gran parte a causa de ello no escribe nuevos libros o sólo libros sobre sus libros. Para contrarrestar este peligro, tener presente que una buena obra no tiene explicación, una mala obra no tiene excusa y una obra mediocre carece de todo interés. En consecuencia, los comentarios sobran.


[Seix Barral]

Cartel de Woodshock


Alien: Covenant: otros 3 carteles




lunes, mayo 08, 2017