viernes, octubre 03, 2014

Jim Jarmusch, de Hilario J. Rodríguez y Carlos Tejeda


Jarmusch aún va más lejos. Lo que muestra en Mystery Train son esos intermedios a los que menos importancia le da el turista, normalmente más pendiente de los lugares que visita que de las posibles anécdotas que surgen durante su periplo. Hay una secuencia reveladora, casi una declaración de intenciones del propio Jarmusch, en la que define uno de los propósitos de su cine cuando Mitsuko le pregunta a Jun por qué solo saca fotos de las habitaciones de los hoteles donde se hospedan y no de todo aquello que ven. Este responde: "Eso lo tengo en la memoria. Las habitaciones de hotel y los aeropuertos los olvidaré". Nadie suele acordarse de lo cotidiano porque es algo a lo que el mecanismo humano responde automáticamente.

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El cine de Jarmusch nos obliga a indagar en lo que se ha convertido en invisible por la fuerza de la costumbre. […] Lo que hay en el cine de Jarmusch es el reflejo de ese tiempo suspendido entre una acción y otra, entre un suceso y otro, y en el que aparentemente no pasa nada, o no creemos que pase nada.

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¿Itinerarios hacia ninguna parte o simplemente metáforas sobre la desorientación del mundo moderno? ¿O ambas cosas? Porque ¿qué es la vida sino un fragmento de existencia? Al fin y al cabo, unos nacen y otros mueren, unos llegan a una estación de ferrocarril al tiempo que se marchan otros. Y es esa en cierta manera una de las esencias de la obra de Jarmusch. Fragmentos dentro del propio fragmento que es cada existencia, que se cruzan, comparten momentos, días y noches o meses, que viajan juntos o que nunca llegan a encontrarse, aunque a veces solo haya un delgado muro que las separe.

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Jarmusch salpica sus itinerarios con rimas visuales y argumentales, analogías, contrastes y repeticiones que articula a través de pequeños detalles constituyendo sus películas a modo de poemas visuales. Dispositivos con los que va tejiendo la aparente estaticidad que emana en cada una de sus escenas, en ese ir y venir, en esos encuentros y desencuentros abrazados por la casualidad.

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JIM JARMUSCH: Nada es original. Roba de cualquier sitio que te llene de inspiración o alimente tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones intrascendentes, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, ríos, luces y sombras. Selecciona para robar solamente aquellas cosas que le hablen directamente a tu alma. Si lo haces, tu trabajo (y tu robo) será auténtico. La autenticidad es imposible de valorar; la originalidad no existe. Y no te preocupes en ocultar tu robo –celébralo si hace falta. En cualquier caso recuerda siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: "De lo que se trata no es de dónde tomas las cosas, sino de adónde las llevas". 



[Ediciones Cátedra]