martes, septiembre 24, 2013

Motorman, de David Ohle


Esta novela se publicó en el 72. Rápidamente se convirtió en un título de culto entre algunos lectores. En la contracubierta mencionan su “circulación a la clandestinidad de las fotocopias” cuando el libro ya había agotado su rumbo comercial en las librerías. Cuando una obra pervive así, con lectores entusiastas pasándosela en fotocopias o prestándosela, hay que prestarle atención. Se publicó en 1972 y llega a España en 2013; es decir, ya era hora.

Motorman es una distopía que uno lee con perplejidad y que provoca adicción. Recuerda un poco a algunas de las paranoias del maestro William S. Burroughs. David Ohle, al igual que Burroughs, rompe las reglas de la narrativa y, sobre todo, de la lógica, y su historia termina siendo poética e incomprensible en algunos tramos, pero su habilidad (exactamente como hacía Burroughs) consiste en que, a pesar de ello, uno está enganchado a su lectura. No es un libro para quienes huyan de la fantasía y de la locura y de la libertad narrativa. Lo digo porque en la novela hay un hombre, Moldenke, al que vigilan continuamente en una casa, un tipo que quiere escapar y al que le van suprimiendo la luz y la comida, mientras la voz de un tal Bunce le comunica que guarda sus secretos en cintas; el mundo en el que vive Moldenke es una locura en la que casi todo es artificial (los soles y las lunas), o de mentira (la Guerra de Pega, que al parecer es una crítica a la Guerra de Vietnam), o totalmente falso (el azúcar de pega, las casas de goma, los hombres con cabeza de gelatina…); por eso su meta consiste en escapar, en alcanzar la libertad, en salir de la asfixia a la que lo someten. No quiero contar más, es mejor que cada lector vaya descubriendo la magia de este libro, su poder de seducción, sus paranoias, sus metáforas sobre el hombre inmerso en universos falsos. Os dejo con dos extractos:

72] Doctor Burnheart
Departamento de Hiperciencia
Universidad de T-City, T-City

Estimado Doc:
¿Alguna noticia del trabajo? He estado viviendo en los vehículos de la calle. Si me quedo dormido, el vehículo se convierte en un insecto gigantesco que traquetea sobre el asfalto. Si me quedo despierto, me aburro. Ya he mirado demasiadas veces los mismos mirtos falsos de papel crepé en la explanada. Por favor, encuéntrame un trabajo honesto. Necesito chits.
Siempre dependiente,
Moldenke

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Casi no recuerdo nada de la Guerra de Pega, Roberta. Guardo el recuerdo de haber sido encontrado por un perro perdido. Sabía que estaba en un agujero porque podía sentir el calor de la tierra. Había ruidos del gobierno en lo alto del barranco, altavoces que emitían explosiones aéreas. Miré hacia arriba y vi la cara del perro, sus dientes como granos de arroz a la luz de la batalla. Lo metí en el agujero y compartimos pulgas y calor el resto de la noche. Por la mañana lo seguí hasta mi tienda de campaña, luego lo perdí entre el humo y la confusión. En un momento dado, alguien abrió mi tienda de campaña y dijo: “Vete a casa, Moldenke. Tu guerra ha terminado. La herida te da derecho. Por favor, no comentes los particulares con nadie. Di que estabas lejos del campamento y que caíste en un cráter”. No me preguntes por la guerra, Cock.


[Periférica. Traducción de Juan Sebastián Cárdenas]