viernes, febrero 26, 2010

Yo maldigo el río del tiempo, de Per Petterson



Arvid, el protagonista de esta novela, está en plena crisis: tiene 37 años, su mujer le ha pedido el divorcio y su madre tiene cáncer y desde que, de joven, él renunció a sus estudios para meterse a trabajar en una fábrica, no se ha llevado muy bien con ella. Desde el diagnóstico trata de ayudarla pero la comunicación ya no es fácil. El día de su regreso a la casa donde su madre pasa unos días, Arvid recuerda su infancia y su juventud: su obsesión por no parecerse a su padre, el recuerdo de un hermano muerto, los noviazgos, los ideales políticos…

La prosa de este libro y el modo en que el narrador, mediante saltos hacia adelante y hacia atrás, va sumergiéndote despacio en la historia, con cierto poder hipnótico en su narrativa, me recordó un poco, tal vez, a la Desgracia de J. M. Coetzee. El magnífico título proviene de un poema de Mao. Sé que ahora existe una moda española por los autores escandinavos, pero os aseguro que Per Petterson, galardonado con varios premios, es otro asunto. Incluso Richard Ford habla maravillas de su obra. Un fragmento:

Al contarme uno de mis hermanos que mi madre se había marchado a Dinamarca en cuanto supo que estaba enferma, y que no habían tenido tiempo de verla antes de que se fuera, para hablar en serio con ella, o para decirle las palabras de consuelo que creían que le debían, tomé una rápida decisión e hice una rápida llamada telefónica y, justo dos días después de que ella subiera a tierra, fui yo quien llegó a aquella ciudad de la costa norte de Jutlandia, a primera hora de la mañana, a bordo del viejo e injustamente denostado Holger el Danés.


[Traducción de Cristina Gómez Baggethun]