viernes, mayo 17, 2013

Cubierta de CINE XXI. Directores y direcciones


En breve saldrá a la venta este diccionario de cine, coordinado por Hilario J. Rodríguez y Carlos Tejeda, un proyecto que compila numerosos microensayos de varios autores. Es uno de los proyectos en los que he colaborado. Si mal no recuerdo, creo que escribí 27 textos sobre otros tantos directores contemporáneos. Pronto daré más datos.

jueves, mayo 16, 2013

The Wanderers. Las pandillas del Bronx, de Richard Price


Una de mis películas predilectas en la infancia fue The Wanderers, largometraje del siempre interesante Philip Kaufman, que por regla general suele adaptar novelas en sus guiones. El libro en el que se basa, obra del gran Richard Price (recordemos: Clockers, La vida fácil, The Wire…), ha tardado casi 40 años en publicarse en España. Es como si, de alguna manera, yo lo hubiera estado esperando media vida.

The Wanderers, la novela, es un retrato de las últimas boqueadas de la adolescencia de un grupo de chavales del Bronx, previo ingreso a una juventud en la que tendrán que empezar a tomar decisiones (matrimonios, hijos, trabajos o estudios universitarios: el libro está ambientado en los 60, cuando no sonaba raro que la gente se casara con 17 o 18 años), uno de esos retratos que tan bien se les dan a los autores norteamericanos (pensemos en Rebeldes y La ley de la calle, de S. E. Hinton, o pensemos en El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, por citar unas pocas). Richard Price, mediante su habitual y precisa economía de medios (en su prosa predominan los diálogos, las descripciones breves, los detalles de las acciones de los personajes… pero no suele haber reflexiones del autor o monólogos interiores), nos invita a conocer los años de un grupo de muchachos de ascendencia italoamericana, metidos en peleas con otras bandas, en trifulcas de escuela, obsesionados con los ligues y las fiestas y con perder la virginidad y con escuchar una y otra vez la música de Dion o The Four Seasons.

Pero Price no se queda sólo ahí: sin duda uno de los aspectos más interesantes es la relación que los personajes protagonistas mantienen con sus padres (la mayoría son padres autoritarios, que apalizan a sus hijos o los tienen dominados bajo un influjo pernicioso) y el nudo de decepción que los va carcomiendo cuando sus objetivos, ya logrados, no se parecen nada a sus sueños. Aunque, en general, la película se parece mucho, hay algunos detalles que las alejan: el filme es, quizá, más divertido, y el libro más dramático. Si la película acababa con un toque de nostalgia (uno de los protagonistas observando a Bob Dylan mientras canta, en un garito, “Los tiempos están cambiando”), la novela termina con un toque bastante crudo y pesimista (una violación y la disolución definitiva de la banda). Pero no sabría cuál elegir. Porque la película tiene algo que la prosa nunca podrá igualar: las canciones; en el libro se citan las canciones, pero en el filme las oímos, las tarareamos. William S. Burroughs definió perfectamente esta gran, electrizante novela, con la siguiente frase: “Un retrato conmovedor de una juventud confusa”. ¿Quién no ha estado alguna vez en el pellejo de Richie, Perry, Eugene, Joey o Buddy cuando se obsesionan con tocarle las tetas a una chica en la primera cita, o cuando convencen al que parece mayor para que les compre alcohol, o cuando se abrazan a sus amigos cantando el tema que los identifica, como en el siguiente fragmento?: 

Cuando las primeras notas de piano de “The Wanderers” llenaron la sala, la gente empezó a bailar otra vez. Joey se giró hacia sus cuatro amigos y empezó a cantar. Uno tras otro, todos se pusieron a cantar.

.
Vago de ciudad en ciudad.
Voy por la vida sin preocuparme.

Joey cantaba y lloraba a la vez. A Perry le entró una gran tristeza que le hormigueaba por la cabeza y los hombros. Richie estaba aterrado por lo que no sabía. Eugene se conmovió con las lágrimas de Joey, pero tenía más de media mente puesta en Nina Becker. Buddy rodeó con los brazos el cuello de Richie y de Joey y apretó tanto como pudo, como si cuanto más apretara, más cosas seguirían igual. No tardaron en estar todos con los brazos rodeándose el cuello unos a otros, con los dedos clavados en la carne, tratando de formar un círculo que nada –escuela, mujeres, niños, bodas, madres, padres– pudiera penetrar. 




[Mondadori. Traducción de Marc Viaplana]
Nota al pie: escribí este texto ayer mismo; después busqué alguna reseña sobre el libro y me encontré con esta magnífica crítica de Kiko Amat, de quien ya sabíamos que es un apasionado admirador de Price. No me sorprende que ambos hayamos elegido el mismo fragmento de la novela para cerrar nuestras respectivas recomendaciones.

Cartel de Jeune & Jolie


Trailer de Hello Herman


Riddick: primer cartel


miércoles, mayo 15, 2013

Próximamente: Joyland


De Stephen King. En Random.

Lo que yo llamo olvido, de Laurent Mauvignier


En apenas 50 páginas (por lo que no me atrevería a calificarla de novela, sino de relato largo), y con una sola frase sin principio ni final (como si hubieran arrancado todo este fragmento del soliloquio del narrador), el francés Laurent Mauvignier nos cuenta un suceso que podríamos encontrar en las páginas de un periódico: un hombre roba una lata de cerveza en un supermercado y los seguratas le dan una paliza de muerte (en el sentido literal: el tipo fallece). Hay tensión en el relato, y se lee y se disfruta en media hora; por cierto: me lo regaló un poeta, uno de mis mejores amigos. Os dejo con el inicio:

y lo que ha dicho el fiscal es que un hombre  no  debe  morir  por  tan  poca  cosa, que es injusto morir por una lata de cerveza  que  el  tipo  ha  conservado  en  las  manos lo suficiente para que los seguratas puedan acusarlo de robo y jactarse, después, de haberlo identificado y elegido entre los otros, la gente que está allí comprando, tiene tiempo para intentar, eso mismo, intentar, correr hacia las cajas o amagar un gesto para resistírseles, porque así podría advertir lo que son capaces de hacer los seguratas, lo que saben, e incluso bajar los ojos y acelerar el paso, si decide escapar caminando muy rápido, sin dejarse llevar por el pánico ni salir corriendo, conteniendo el aliento, los dientes apretados, un movimiento, cosa que ha hecho, no tratar de negar cuando los ha visto llegar y ellos se han, no diré lanzado  sobre  él,  porque  se  acercaban  lentos y tranquilos, sin abalanzarse en absoluto, como habrían hecho, dijéramos, unas aves de presa, no, no han hecho eso, por el contrario, se han detenido ante él, todos ellos muy silenciosos, más bien lentos y fríos cuando lo han rodeado y él no ha pronunciado una sola palabra para protestar o negar porque, sí, se había bebido una lata y habría podido darles las gracias por dejar que se la acabara, no ha dicho una palabra y en sus ojos se ha plasmado abiertamente el miedo pero nada más, entiendes, tan sólo tenía ganas de beberse una cerveza, ya sabes lo que son las ganas de beberse una cerveza, quería refrescarse el gaznate y quitarse  ese  sabor  a  polvo  que  tenía  dentro  y que no lo abandonaba […]


[Editorial Anagrama. Traducción de Javier Albiñana]

Otro cartel de Red 2


About Time: primer cartel


martes, mayo 14, 2013

Retrato de un hilo, de Francisco Javier Irazoki


ORACIÓN NEGRA


En mi calle vive el mendigo
que recoge en su voz
las heridas de los hombres que pasan por su lado.

Nuestro dolor desciende
a las botellas que él apura
y, cuando la tarde termina,
el mendigo bate los harapos,
se pone de pie en la acera mojada
por una lluvia acre
e inicia la plegaria negra:
un canto que era el río
creado por los transeúntes.

La oración del mendigo
está entreverada de ironías y blasfemias,
y se impone a los ruidos de la noche.
Llega a los edificios altos
y se cuela por las últimas ventanas.

A la mañana siguiente,
la nieve sucia del canto cuelga de los alambres
y ha cuajado sobre los coches,
y en los sorbos de café pervive
su punzada.

**

RESURRECCIÓN INCONSCIENTE


En el patio de vecindad,
un coche fúnebre con las puertas abiertas.

No sé quién ha muerto.

Paso las horas
a la espera de que aparezcan
los vecinos amenazados por el adiós.
Espío el desfile de hombres, mujeres y niños
que caminan con indiferencia cotidiana,
absortos, impasibles o risueños,
pero que ante mí exhiben
la señal de los supervivientes.

Mi mente cose
sus impecables trajes, deshilachados
por una garra oscura.

Próximamente: Standards


De Germán Sierra. En Pálido Fuego.

The Lone Ranger: cartel francés


Trailer de Ways to Live Forever


lunes, mayo 13, 2013

Boston. Sonata para violín sin cuerdas, de Todd McEwen


Ésta es una de las novelas más divertidas de la temporada. Por la conducta estrafalaria del protagonista y la cadena de accidentes y desventuras que se van enlazando a su trayectoria me trajo a la memoria La conjura de los necios. Es increíble que, datando del 83, no se hubiera publicado antes en España; aunque imagino que traducirlo es una auténtica proeza por el modo en que el narrador deforma palabras, incluye jerga e incluso inventa términos.

Todo comienza en el momento en que el protagonista, William Fisher, se cae y se golpea la cabeza y tienen que ponerle un aparatoso vendaje. A partir de ese accidentes e inicia para él una serie de pequeñas catástrofes y desencuentros con enloquecidos personajes que le empujan a creer que la gente lo mira o se mete con él por culpa de las vendas ensangrentadas que lleva (y porque empieza a ir desastrado y sin afeitar), y logran que siempre repita una frase (o variaciones de la misma): Mi vendaje no tiene nada que ver con mi comportamiento. Durante unos días se relaciona con varias mujeres, se emborracha a muerte con mendigos, pulula con borrachos pendencieros, tiene accidentes y altercados e incluso es capaz (sin que sea su propósito) de preparar una revuelta ciudadana que la policía tratará de sofocar. Pasen y lean una odisea urbana cómica en la que, además, el autor rompe muchas reglas en la prosa (falta de puntuación, rechazo de las comillas o de las cursivas o de los guiones en los diálogos, etc). Varias muestras:

Se despertó horas después en plena noche helada de Boston y comenzó a enfadarse según los acontecimientos del día de le abalanzaban antes de que estuviera preparado. Especialmente el recuerdo del accidente. Pues claro que me ha sucedido esto pronunció en voz alta Hoy es domingo y los domingos son terriblemente ineludibles estés donde estés. El DOMINGO es siempre el mismo pero cada semana TÚ vas siendo menos y menos. El domingo es un gigantesco Reloj del Aniquilamiento que mide con sangre la lenta muerte de grandes y pequeños igual en el campo que en la ciudad. Clavándonos a todos al sucio felpudo de la vida bajo su incalculable peso, el domingo te machaca las entrañas con mecánico júbilo y el imperceptible movimiento de su despiadado minutero.

**

Si no me hubiera golpeado la cabeza podría haberme desnudado en la oficina sin que supusiera un escándalo. Es tan injusto. Nos juzgan siempre por nuestras heridas. Todo es vanidad y anhelo de viento dijo Fisher al camarero. Claaaro respondió este. Fisher se quedó mirando el vaso de cerveza negra y trató de establecer un sistema para beber. Cada vez que escuche a alguien pedir un whisky le daré un trago pensó Eso funcionará. ¡Whisky! pronunció una voz áspera casi inmediatamente y Fisher elevó el vaso a sus labios.

**

Si algo va mal todo va mal. Si tienes un mal día no te puedes refugiar en una buena cerveza. Te la servirán corta y sin espuma porque no hay una escapatoria real posible y las cosas se limitan a empeorar y empeorar y empeorar todo el tiempo a través de todas las eras geológicas. Toda la historia del Todo es solo un lento deterioro que resulta más fácilmente apreciable en la pérdida de modales, pero que tiene lugar sin embargo en los estratos de las rocas y en los templos y en la cada vez menor disponibilidad de tabaco de alta calidad para pipa pensó Fisher sentado en un banco con una punta que se le clavaba en el culo.


[Automática Editorial. Traducción de Enrique Maldonado Roldán]

Próximamente: Embassytown


De China Miéville. En Fantascy (Mondadori).

Hay que acostumbrarse a los difuntos...

Hay que acostumbrarse a los difuntos,
a su presente ausencia
que tanto nos alivia y decepciona;
a la sombra difusa del instante
que disfrutamos juntos alejándose
definitivamente; a la idea
de una osamenta bajo tierra,
que no es nada, pero fue un hombre
(con sueños, y fracasos, y alegrías),
y por este motivo nos espanta.
Hay que acostumbrarse a los difuntos,
en lugar de ahogarles con el llanto
o cubrirles de olvido ignominioso.
No les sepultes por segunda vez,
es labor exclusiva de los años.

05-08-2005


Jacob Iglesias, Las piedras del río

Trailer de 33 Postcards


Cartel de Whitewash


domingo, mayo 12, 2013

Próximamente: La insurrección invisible de un millón de mentes


De Alexander Trocchi. En Capitán Swing.

Parches, de Adriana Schlittler Kausch



Me taparon un ojo

Un parche blanco

Una parte del mundo estaba
oscura
La otra
se encendía demasiado

Me hicieron colorear de rojo
todas las vocales abiertas
de mis tebeos predilectos

Manchas rojas en papel
y en el rostro
una mancha blanca

como un presagio

**

Querido Papá Noel:
Este otoño me ha venido la regla y quiero tetas
grandes, piernas largas y un pelo rubio natural.
Llévate la crueldad de los días, los veranos tan
cortos y los kilos de más.
Prometo no dejar morir a las flores, lavarme los
dientes cada día, mentir
tan sólo a mis amantes.

Y si tu cometido es hacer feliz a los niños
déjame ser
muñeca de alguien

**

Quiero hacer un puente para escalar vidas
después de vidas
Quiero ultrajar un cadáver
o ser fantasma con los sueños de otros

Clavaré mis palmas en paredes de aire
Gritaré un poco

Así
vendaré mis heridas

Constantino Romero (1947 - 2013)


Man of Steel: 2 nuevos carteles



viernes, mayo 10, 2013

Ya a la venta


El niño perdido, de Thomas Wolfe


Siempre me había dado pereza leer un libro de Thomas Wolfe porque, por lo general, es célebre por sus tochos. Pero en Periférica publicaron, hace tiempo, dos novelas cortas y he decidido empezar por ahí. Todo lo que puedo decir es que El niño perdido es breve, poética y magistral, una evocación del hermano muerto a través de las voces de varios narradores. Espero leer pronto Una puerta que nunca encontré. Hasta entonces, os dejo con algunos extractos de esta maravilla:

Y cuánto tiempo ha pasado desde entonces…
Y ahora encuentro una foto y todo vuelve a mi mente. La hostería, Saint Louis, la Exposición Universal… Y todo tal y como ha sido siempre, como si hubiera ocurrido ayer…
Y todos nosotros hemos crecido y yo tengo cuarenta y seis años…
Y nada ha resultado como esperábamos…
Todas mis esperanzas, mis sueños y mis grandes ambiciones han quedado en nada…

**

Me alejé y seguí caminando hasta que encontré el sitio. Y de nuevo, de nuevo, volví a entrar en aquella calle y hallé el lugar donde las dos esquinas se encontraban, la manzana compacta, la torrecilla y los escalones. Me detuve un instante, mirando hacia atrás, como si la calle fuera el Tiempo.
Por un momento esperé que surgiera una palabra, que una puerta se abriera, que se acercara un niño. Esperé, pero no hubo palabras y nadie apareció.

**

Le di las gracias y acepté. Subí por las escaleras del porche. Ella abrió la puerta y entré en la casa.
Estaba exactamente igual. Las escaleras, el pasillo, las puertas correderas, la ventana con cristales de colores sobre las escaleras. Y todo era exactamente igual, excepto por la ausencia, la ausencia en la tarde, la luz coloreada de la ausencia en la tarde y el niño sentado allí, esperando en las escaleras.

**

Y de nuevo, de nuevo, volví a la calle para hallar el lugar donde las dos esquinas se tocaban y me volví para ver adónde se había ido el Tiempo. Y todo era allí como siempre había sido. Y ya no quedaba nada ni nada volvería nunca. Y todo seguía siendo igual, como si no hubiera cambiado desde entonces, sólo que todo se había perdido y había sido recobrado y capturado para siempre. Y así, al haber encontrado todo, supe que lo había perdido.



[Editorial Periférica. Traducción de Juan Sebastián Cárdenas]

Esta noche, en Madrid


Trailer de Aftershock


Mientras escribo...

Mientras escribo,
los niños juegan en la plaza.
Desperdicio mi vida.
Un verso más,
otro instante malgastado.
Todo por consignar
vuestro juego incansable.
Todo por salvar un instante
que se ahogará
en la corriente de los días,
por este estertor
que se demora en tus labios.

15-01-2005


Jacob Iglesias, Las piedras del río

Cartel de Gravity


Alfredo Landa (1933 - 2013)